Angelina.
—Karina tiene un nuevo hombre —le confieso a Vladimir, quien no deja de dar vueltas de un lugar a otro en mi habitación.
—¿Qué dices? —se detuvo, mirándome con recelo —¿De dónde sacas eso?.
—Estuve hoy en su apartamento, y me abrió la puerta un hombre llamado Vicenzo diciendo que era su nuevo novio.
La expresión de Vladimir se ensombreció, apretando fuertemente sus dientes, revelando una mandíbula tensa.
—Repite eso —exige, agarrándome de los hombros—. ¿Me estás fastidiando ahora?.
—No tendría por qué mentirte —aparto sus manos de mí—. ¿No lo ves? Ya no le interesas en absoluto, así que consigue a otro.
—¡Pero fue por tu culpa! —brama furioso—. ¿No fuiste tú la que se metió en mi cama dándome drogas? ¡Todo esto pasó por ti!.
—¿Y acaso no te gusté? —acerco mi mano a su mejilla—. ¿No me mirabas por encima de Karina como mujer? No puedes negarlo, porque disfrutaste estar conmigo.
—Zorra desvergonzada —se aleja de mí, mirándome con asco—. ¿Tenías que dejar que nos descubrieran? Todo lo planteaste a tu antojo, y ahora mi compromiso se arruinó.
Estoy cansada de este individuo, tan arrogante y presumido, creyéndose importante solo por ser el hijo legítimo de la familia Sokolov, una de las más destacadas en Rusia además de la nuestra. Fue elegido como candidato para casarse con Karina por razones políticas, pero al final, terminó siendo mío.
Seducirlo fue sencillo, ya que es un hombre de vida despreocupada rodeado de mujeres, y con un cuerpo y una cara como la mía, era inevitable que se rindiera. Sin embargo, es una persona desagradable. El único centro de importancia para él es él mismo. Aun así, ¿por qué diablos se pone así solo por Karina?.
—Debería contarle a papá y mamá —comento, recibiendo una mirada dura de su parte.
—Ni se te ocurra —espeta—. Si haces eso, renunciarán al compromiso y mis padres también. ¿O acaso piensas casarte conmigo para solucionar el problema?.
—No digas tonterías.
—Entonces mantente callada, Karina volverá a mí pase lo que pase —asegura—. Ese tipo, sea quien sea, tendrá que alejarse de ella, porque sigue siendo mía.
—¿Te gusta?.
—No te importa —culmina la conversación, saliendo del cuarto dando un portazo.
Me quedo observando la puerta por unos breves segundos antes de levantarme de la cama y dirigirme a la cómoda para mirarme al espejo. ¿Por qué siempre tiene que ser ella? ¿Por qué le ruegan siempre a una bastarda como esa? Es lo que me pregunto cada vez que pasan este tipo de cosas.
No solo Vladimir, sus antiguos novios también le rogaban para que volviera con ellos después de haber estado conmigo. Ni una vez me rogaron que me quedara, siempre iban detrás de ella tratando de explicarle que todo era un malentendido, mientras que a mí solo me echaban a un lado.
Soy linda, rica, y lo tengo todo. Pero ella, que no tiene nada, ¿por qué debería tener a alguien que la quiera? No soporto verla feliz, intenta encajar en un lugar al que no pertenece porque, todo me favorece a mí.
Ahora tengo algo que era suyo, a Vladimir, estuve con él, lo seduje y lo mantuve en mi cama, pero aún así él sigue detrás de ella. ¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser así? No me importa si se casan, de todos modos Karina estaría casada con un hombre que ya tuve, y que seguramente seguiría siendo mío estando casado con ella.
Necesito que ese matrimonio se lleve a cabo, así seré la única legítima de la familia Novikov. No solo eso, seré la única heredera. Ella por ser la mayor, es la sucesora, pero si se casa, seguiré yo en la línea.
Tengo que hacer algo para que Vladimir y ella se casen y, para eso, necesito robarle a ese hombre llamado Vicenzo. De todos los que ha tenido, ese es el más guapo, y debo decir que me ha gustado. Grande, fuerte, ojos bestiales, tatuado, y con un físico espectacular. ¿Por qué debería un hombre como ese estar con ella? Es un tipo de hombre para mí, la modelo estrella, Angelina Novikova.
Y por lo que percibí estando en el apartamento de Karina, a ese hombre le llamé la atención. De no ser así, no me habría defendido de ella.
«Como siempre, me siguen mirando a mí, en vez de a ti, Karina».
—Angelina —mi madre me habla desde la puerta—. ¿Puedo pasar?.
—Pasa.
Al entrar, me muestra un rostro de reproche, ya sé lo que me va a decir, la misma reprimenda de siempre. Pongo los ojos en blanco, me levanto de la cómoda y tomo asiento de nuevo en la cama, esperando el sermón.
—¿Qué crees que haces, Angelina? —empieza—. ¿No ves lo que estás causando? Tu padre está muy molesto.
—¿Y qué quieres que yo haga? —me cruzo de brazos.
—¡Que lo dejes en paz! —estalla—. ¿No ves lo que causas? ¡O dejas de comportarte de esa manera, o tomarás el lugar de Karina como esposa de Vladimir!.
—Ni en sueños, mamá —me irrito—. ¿Crees que seré tan tonta como ella para que me ofrezcan como vaca para el matadero? Olvídate de esa idea.
—Eso depende de cómo te comportes. Estamos hartos de estar reteniendo a la prensa que quieren hacernos comidilla, y ahora con este problema con tu hermana, estamos al borde del colapso —se lamenta, con el rostro sofocado, y me imagino que es por su presión arterial disparada—. Piensa en lo que te digo, Angelina, hazlo por el bien de la familia.
—Karina tiene a otro hombre —ruedo los ojos, fastidiada—. ¿Qué bien familiar hay cuando ella ya está con otro?.
—¿Qué? —su rostro se ilumina con sorpresa —¿Qué estás diciendo?.
—Como lo oyes, mamá. Tu querida hija ya tiene a otro hombre en su apartamento, ¿No lo sabías? Ahora lo sabes.
—¿Desde cuándo ella...? —se quedó pensativa por un momento, aún sumergida en el shock —¿Tu papá lo sabe?.
—Estaría gritando como loco, pero como ves, no lo está.
—Teníamos un trato con los Sokolov —se lamenta —¿Cómo puede hacernos esto? No podemos faltar a nuestra palabra.
—Te equivocas, mamá —le corrijo, sonriendo —aún tenemos ese trato con ellos, porque Karina sí se va a casar.
—¿Cómo estás tan segura? —me mira con desconfianza.
—Solo tiene una aventura momentánea que pronto terminará. Ella sabe lo que le conviene, no te preocupes, Vladimir ya está al tanto y piensa hacer lo posible por recuperarla.
—Si eso es así, será mejor no decirle nada a tu padre por el momento, a menos que ella misma se lo cuente. De lo contrario, podemos correr el riesgo de que el contrato se anule.
—Ella no dirá nada, no le conviene.
Mi madre me miró extrañada, pero después de discutir el asunto un rato, se fue preocupada dejándome a mí preparándome para la sesión de fotos que tengo dentro de poco.
Sí, Karina sabe lo que le conviene. Ese tipo que estaba en su apartamento era un poco sospechoso, incluso la relación entre ambos era sospechosa. ¿Cómo es que ella tiene una nueva pareja sin que yo lo haya sabido antes? Es muy raro, hay algo que aún no sé, pero lo voy a averiguar para alcanzar mis objetivos, cueste lo que cueste.
***
Karina.
Permanezco quieta, parada en el umbral de la puerta, observando al hombre que descansa plácidamente en mi cama. Sin camiseta, sus bien trabajados músculos y los tatuajes que le otorgan una apariencia intimidante contrastan con la realidad de Vicenzo, quien, a pesar de su aspecto, es dulce conmigo.
Aunque los golpes empiezan a desvanecerse, aún son visibles en su rostro y cuerpo, junto con una herida delicada. Sin embargo, parece ignorar el dolor, sin quejas desde que lo traje aquí. A veces me hace dudar de si experimenta algún sentimiento.
La interrupción del timbre me hace salir de mis pensamientos, y me dirijo a la puerta para atender a la persona insistente. "No sé si alegrarme o preocuparme por la presencia de esta persona en este momento", pienso.
—¡Kira! —exclama Justin al abrir la puerta—. Salí temprano para venir a verte.
—Hola, Justin.
—Imaginé que después de lo que pasó contigo y ese hombre, terminarías mal. Seguramente tuviste otra discusión con tu padre, ¿verdad? —me suelta en medio del abrazo, sosteniendo una botella de vino—. ¿Te encuentras bien? De todas formas, estoy aquí para consolarte y apoyarte. Ya sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.
Sonrío al cerrar la puerta, conmovida por las reconfortantes palabras de Justin, que siempre son un bálsamo para mí en medio del constante dolor que proviene de mi familia. Aunque atraviese un valle de sufrimiento, Justin siempre ofrece su hombro.
—Gracias —le respondo, observándolo acomodarse en los sofás—. ¿Te quedas esta noche?
—Por supuesto —sonríe—. ¿Por qué no? Quiero que olvides todo y bebas conmigo esta noche. No quiero verte triste.
Justin, mi mejor amigo de la infancia, también lo fue de Angelina, aunque nunca se llevaron bien. Suele visitar mi apartamento para ver películas, cenar y pasar el tiempo juntos, incluso quedarse a dormir. Sin embargo, existe un pequeño problema: no le he contado sobre Vicenzo.
—Eh... Justin, hay algo que...
—¿Estás enferma? —me interrumpe, levantándose del sofá y tomando mis mejillas entre sus manos—. ¿La pasaste muy mal con ellos? Debe haber sido difícil enfrentarte a ellos de nuevo.
—Estoy bien...
—Siempre solías decirme eso incluso con los ojos hinchados de tanto llorar —me recuerda, frunciendo el ceño—. ¿Crees que no sé cuándo estás mal?.
—Tú ganas —me rindo—, pero no estoy enferma. Todo ha pasado. Ahora quiero contarte que...
—No me digas que volviste con él —alza una ceja—. No lo hiciste, ¿verdad?.
—Claro que no —niego con la cabeza—. Sabes que es un asunto aparte.
—Qué alivio —suspira—. Es mejor que estés sola, o mejor aún, conmigo apoyándote.
—Justin, yo...
—¿Ya terminaron? —la voz dura y ronca de Vicenzo me hace sobresaltar. Justin me suelta, y con extrañeza se gira hacia la figura del hombre de brazos cruzados, que nos observa a ambos con una mirada juzgadora.
—¿Quién es él? —la pregunta de Justin me hace apretar los labios fuertemente—. ¿Karina? ¿Quién es ese tipo?.
—Justin, eso es lo que trataba de decirte —me apresuro en aclarar—. Él es...
—Su novio —responde Vicenzo sin mirarme, su fría mirada clavada en Justin—. ¿Y tú quién eres?.
—Justin, el mejor amigo de Karina —ambos se miran como si fueran a enfrentarse—. No sabía que tenías novio, Karina —me vuelve a mirar—. ¿Desde cuándo?.
—Te lo iba a decir —desvío la mirada—. Su nombre es Vicenzo, y bueno... somos novios desde...
—Hace un mes —miente Vicenzo de nuevo, acercándose y rodeando mi cintura de manera posesiva, como si quisiera dejarle claro algo a Justin—. Estamos saliendo desde hace un mes, y ahora vivimos juntos. Es un gusto conocerte, Justin.
Un incómodo silencio abruma el ambiente. Las miradas de ambos parecen dagas afiladas atravesándose violentamente. La tensión es palpable.
—Lo siento, Justin —rompo el silencio—. Quería decírtelo, pero...
—Está bien, Kira —me mira y me sonríe con calidez—. Solo me tomó por sorpresa, pero me alegra mucho. Si eres feliz, yo también lo soy.
Aunque es falso que seamos novios y que llevemos saliendo un mes, quería que fuera cierto. Sin embargo, al ver la actitud positiva de Justin, me pesa no poder decirle la verdad. No entiendo por qué Vicenzo ocultó la realidad, quizás está siguiendo el juego de ser novios, pero nunca antes le había ocultado algo a Justin.
—Entonces... creo que debería irme —declara él—. Nos vemos mañana, Kira.
Antes de partir, besa mi mejilla y se despide con la misma tranquilidad de siempre. Nada cambia. Su sonrisa persiste, despreocupada, pero sé que en el fondo se preocupa por mí, deseando evitar que salga lastimada como en relaciones anteriores. Es como un ángel guardián que vela por mí desde la oscuridad, apareciendo cuando lo necesito sin esfuerzo alguno.
—Debió sorprenderse —comento, soltando un suspiro de alivio. De repente, noto el extraño silencio de Vicenzo, que aún aferra mi cintura con un agarre ligeramente fuerte.
Me vuelvo para mirarlo y me sorprende ver su expresión fría, con ojos azules glaciares y mandíbula tensa.
—¿Vicenzo? —lo llamo, captando su mirada que se clava en mí al instante—. ¿Sucede algo?.
No responde con palabras, solo me observa. Sin previo aviso, siento un salto en mi corazón por el fuerte agarre de sus manos alrededor de mis caderas, que chocan contra su cuerpo. Rápidamente, estampa sus labios contra los míos de manera intensa y mordaz.
—¡Vicenzo...! —jadeo, intentando comprender su extraña actitud—. ¡Mgh! ¡Esper-...! ¡Mmm!.
Pronto, mis labios ceden ante los suyos, que son suaves, devoradores, perversos y tentadores. Me besa de manera dominante, envolviendo su mano en mi liso cabello. Tira de él para inclinar mi cabeza hacia atrás, interrumpiendo el beso y forzándome a mirarlo.
—Debiste quedarte mirándome —habla finalmente, con la respiración agitada—. ¿Por qué tengo que ver que otro te toque? ¿Huh?.
—¿De qué hablas? —mi cuerpo es presionado por el suyo, y cada contacto hace que mi piel arda—. ¿Hablas de Justin?.
—Lo sabes bien. Es el mismo de la foto que tienes en tu habitación —recalca.
No lo había considerado antes, pero ¿acaso Vicenzo está celoso de él?.
—Somos amigos —aclaro—. Vino a ver cómo estaba después de que me fui a atender el llamado de mi padre. Solo estaba preocupado por mí.
—¿Es así? —la mano que sujetaba mi cabello me suelta y baja por mi espalda—. No me habías dicho que tenías un amigo tan íntimo.
—Se supone que apenas nos estamos conociendo —musito—. ¿Por qué? ¿Te molestó ver a Justin?.
—Después de todo, es tu amigo —trata de sonar tranquilo, pero su mandíbula sigue tensa y sus ojos aún parecen peligrosos—. ¿Podrías no dejar que toque tanto la próxima vez? Es un poco...
—Está bien —no lo dejo seguir, porque sé que se puso celoso justo ahora—, pero quiero dejarte claro que Justin es especial. Hemos estado juntos desde siempre.
No responde a eso, solo me mira antes de alejarse.
—Bien —contesta—. Iré a tomar una ducha. Te prepararé algo de cenar.
Se marcha por el pasillo que conduce a la habitación. Me quedo confundida por su actitud. Aunque ahora sabemos lo que sentimos el uno por el otro, sus celos son evidentes. Sin embargo, a pesar de su aparente molestia, me alegra que nuestros sentimientos hayan avanzado un poco más.