KARINA
El semblante de Silvano me genera mucha ansiedad. Su mirada parece demasiado sombría y voraz. Aunque intento aparentar calma, mis piernas tiemblan y mi pulso se acelera de manera exagerada.
La cena transcurre tranquilamente, al menos desde mi perspectiva, ya que me esfuerzo por no mostrar mis nervios. Sin embargo, él no logra disimular la desesperación que carga consigo, o tal vez las ansias de despojarme de la lencería que llevo puesta y poseerme sobre esta mesa.
—¿Cómo te fue en el trabajo? —pregunto, rompiendo el silencio.
—¿Realmente crees que quiero hablar de trabajo en este momento? —me fulmina con la mirada. Dirige sus ojos a mis pechos, tensa...