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Un día frío y nevado, la brisa helada arrasando con fuerza. Nos encontramos en un lugar, familiares y amigos reunidos por una sola persona. Nos cubrimos con paraguas para resguardarnos de los copos, vestidos de negro y con pañuelos blancos en las manos secando nuestras lágrimas.
Esta escena ya la viví, pero de manera diferente, porque la misma persona por la cual estamos aquí, llorando y lamentando su partida, fue la que estuvo conmigo en un momento similar. Me daba palmaditas en la espalda para calmar mi pena y sostenía mi mano, dejándome claro que no estaba sola, que él estaba conmigo.
Estar aquí, en el funeral de mi...