Un hombre con atuendo todo oscuro, similar a un espía, con un pasamontaña que le tapaba el rostro, vigilaba desde lejos y oculto, lo que acontecía. Entonces, envió un mensaje: “Tarea completa”.
Hestia estaba sentada en un suave sofá en el balcón de su suite. Llevaba puesto una túnica semitransparente y ropa interior de encaje negra. Sostenía en su derecha una copa de cristal, medio llena de vino. Observaba el panorama de la resplandeciente ciudad desde el piso más alto del rascacielos, como una maravillosa diosa griega mirando a los mortales desde el monte Olimpo. La pantalla de su móvil se iluminó al recibir una notificación. Lo levantó con su...