Hestia no sentía vergüenza, ni tampoco era una adolescente con inseguridad. Era directa y sabía lo que quería. No se andaba con vacilaciones, ni siendo niña lo había sido. Tal vez, por esa razón nunca fue la favorita de sus padres, ni la más querida. Era simple, si no estaba de acuerdo con algo no se quedaba callada. Al contrario, exponía su punto de vista y su inconformidad. Desde siempre le había gustado llevar la contraria, a cualquier persona, no importaba quién fuera, hasta con sus ascendientes había discutido, en reiteradas ocasiones, por contradecirlos. Era uno de sus sutiles placeres. Aunque no se comparaba en nada con la satisfacción que...