La madre de Lacey, con cara enojada, se aproximó hasta Hestia. No podía apartar la mirada de ella. Jamás había odiado tanto a una persona, como a esa loca mujer que se vestía como si fuera a un funeral.
—¿Qué desea, señora? Mi venganza y mi castigo, no es contra usted, sino contra su miserable hija —dijo Hestia, con natural soberbia y despreció hacia la familia West.
—Ese no es lo que no has considerado —comentó la señora, entre lágrimas—. Cualquier cosa con Lacey, de igual forma, también es conmigo. Eres una enviada de los demonios, para acabar con la felicidad de mi niña.
—Usted se equivoca, señora —respondió Hestia,...