Evangeline estaba tomando un poco de té que Perséfone le sirvió, aunque no tenía nada de sed negarle algo a una diosa ahora mismo sería como un suicidó, puede que ella sea amable y risueña, pero en el fondo también había un poco de crueldad, después de todo vive en el Inframundo dónde Miles de almas son torturadas.
— Siento que he pasado una eternidad aquí. — habla Evangeline luego de darle un sorbo a su te.
— Si, es muy común estando aquí abajo. — responde la reina del Inframundo.
— Disculpen si soy metiche, pero ¿Alguna vez salen de aquí?
— Claro que sí, de hecho, estamos aquí...