—Ese mismo vestido estoy tratando de quitármelo desde hace un rato, se me atoró —ríe levemente.
—Es obvio nena, tienes una curvas en dónde solo entro yo —muerde levemente su piel y ella se queja algo encantada.
—¿Me ayudas a quitármelo? —muerde su labio muy sensual.
—Claro —él estaba tan concentrado en su piel que no se había dado cuenta que era ese vestido con el que había salido hace un rato.
—Disculpe señor, este vestidor ya está ocupado —dice la trabajadora de la tienda detrás de la cortina.
Tal vez lo vio entrar y simplemente quiere aclararle que estaba ocupado.
—Lo sé —pone los ojos en blanco, se voltea...