Mi tía está propinando un buen sermón y no es para menos, puesto que ella sabe lo que yo siento o lo que hago cuando ando en moto.
—Listo, ya he dejado la moto estacionada, ahora entremos y ahí me puedes decir todo lo que quieras, pero no aquí.
—Ahora me arrepiento de haberla comprado —se cruza de brazos—. Deja de pensar en ti misma y piensa en el bebé que llevas dentro.
Entrando al edificio, me disculpo con mi tía, jurándole que no volverá a suceder y que no tenía en mente que mi bebé sigue en mi vientre. Y que ahora en adelante tendré mucho cuidado.
Y mientras...