Me quedé corta de palabra porque la hija de su madre sabía que me sentía terrible, que me afecta cada salida de Harry y que siempre he tratado de disimularlo para que nadie se compadezca de mí. Tras recorrer una lágrima en mi mejilla le digo que sí, que será un gusto ser atendida por una experta, ya que esto no se ve todos los días.
—Querida —por un momento Abby queda viendo a Rosalía, pero como ella se queda callada, ella viene hacia mí—, muchas gracias por darme la oportunidad de tocarte.
—A las dos se lo agradezco.
—Estás resplandeciente —me llena de halagos para luego saludarme con un...