(...)
—Me puedes explicar que es lo que pasó en la cafetería, o más bien, qué es lo que hiciste —la puerta de mi habitación se abre, dejando escuchar a una Rosalía furiosa, mientras que yo no tengo la mínima intención en levantarme de la cama—. Oh, no, me tienes que decir quién era ese hombre y porque te acorralaba, no, mejor dime por qué no pediste ayuda.
Me siento sobre la cama, tengo que explicarle que lo he hecho por el bien del negocio y de nosotros mismos.
—¿De qué estás hablando Rosalía? —y mi tía hace el toque de queda.
No, no quiero que todos se involucren, suficiente...