Algunos días habían pasado desde aquel encuentro con Constantine en la ducha, y puedo decir, que no he parado de pensar en ello desde entonces.
Me la he pasado recordando la forma en la que sus ojos rojos oscuros me miraban, el roce y el tacto de su piel contra la mía... su aliento tibio sobre mi cuello.
He tratado de olvidar toda aquella situación con el dios cascarrabias, pero a sido en vano. Su recuerdo lo tengo clavado en mi mente cuál evento traumático del cual no puedes olvidarte, y su esencia... la tengo impregnada en mi piel.
Me encontraba a Constantine de vez en cuando por los pasillos...