Stella
La noche en Saint Étienne está más fría que de lo común y el clima ha estado bastante cambiante. Cuando por fin nos cubrimos del viento abrasador que azota contra los árboles de la ciudad, el alivio vuelve a mi cuerpo después de que Constantine cierra la puerta tras nosotros. Me despojo de mi larga chaqueta y me acomodo en el sofá, mientras lanzo mi bolso a cualquier rincón de la acogedora casa. Siento cómo mis pies me reprochan por haberles brindado tan larga camiStellaa. Me parece extraño que hayamos regresado a casa a pie, cuando Constantine cuenta con un vehículo demasiado llamativo a mi parecer.
—¿Y la camioneta?...