Stella
Han pasado tres días exactamente desde aquella noche, para mí resultó ser de lo más aterrador. Todavía puedo ver ese par de ojos azules electrizantes mirándome a través de la ventana, en aquella perturbante oscuridad. No ha habido noche en la que cierre los ojos y no me tope con ellos en mi mente. Sé que no son ideas mías, que no es paranoia gratuita, estaban acechándome. El miedo que me invadió en ese instante fue igual a aquel que sentí aquella vez en el autobús, cuando había llegado a Dijon.
Por más que intento que mi pasado no interfiera en mi presente, parece una misión imposible. Tengo miedo...