Llegó el domingo por la tarde, y poco a poco la vida volvió a la villa. En algún momento Melly volvió, y Kilye pudo ver que no se había recuperado del todo bien.
—¿Se te ha ocurrido algo? —preguntó con disgusto, y Kilye negó con la cabeza.
—No, me temo que no. Lo único que podemos hacer es contar lo que ocurrió y esperar que Carmela entre en razón.
—Pero no podemos probar nada, y no puedo acusar a Shirley sin tener algo en la mano —señaló Melly exasperada.
—Lo sé —Kilye suspiró—. Lo único que puedes contar es que todo el mundo sabe lo perra que es Shirley y...