Chapter 5 - Siempre metiéndome en problemas.

Chapter 5 - Siempre metiéndome en problemas.

Por supuesto, todos los colegas habían visto el programa, al parecer se habían reunido para una acogedora “velada de hombres” y habían disfrutado juntos de la brillante actuación de Kilye.

 

Y al igual que la última vez, fue recibida con silbidos, abucheos y comentarios lascivos cuando acudió a la comisaría un día después.

 

Al borde de las lágrimas, se refugió en el despacho de Arthur.

 

—No volveré a salir. —Declaró con fuerza en lugar de un saludo.

 

Hart sonrió.

—Vamos chica, no es gran cosa. Hiciste un buen trabajo y estoy seguro de que los chicos se calmarán en los próximos días. —La consoló—. Lo principal es que salió bien, ¿qué son unos cuantos dichos estúpidos?

 —No tienes que escucharlos tú. —dijo Kilye con frustración.

 —Se pasará. Vas a estar un rato en esa villa de modelismo, y para cuando vuelvas, te garantizo que tus colegas tendrán ya algo más de qué hablar, eso dura muy poco, no es eterno.

 —O no… —refunfuñó Kilye con fastidio, dándose cuenta de que los hombres seguramente verían cualquier otro episodio.

 —¿Supongo que aún no has llegado a investigar mucho? —Hart fue al grano— ¿Has notado algo extraño?

 —No, excepto que puedes romperte las piernas muy rápidamente con esos tacones de aguja en un suelo extremadamente resbaloso. —Respondió secamente.

 —Bueno, no importa, ahora tendrás mucho tiempo para mirar y tomarte tu tiempo. Pero vuelvo a insistir, nada de acciones prepotentes, quiero que me informes de todo.

 

Kilye, asintió. —Sí, está bien, ya veo que no hay otra alternativa.

 —¿Cuándo empezamos?

 —El lunes nos mudamos allí. —reveló Kilye, con un suspiro.

 —De acuerdo, estás libre hasta entonces para que puedas descansar antes. Te deseo buena suerte y éxito en la misión.

 Descontenta, Kilye le estrechó la mano y luego salió corriendo y atravesó el pasillo tan rápido como pudo, antes de que el silbido comenzara de nuevo.

 

Era la noche antes de que se mudaran a la villa. Kilye estaba tumbada en el sofá intentando concentrarse en un libro. Su maleta ya estaba hecha y se dio cuenta de que serían las últimas horas que podría disfrutar en paz durante al menos una semana.

 

Fue a la cocina y se sirvió una copa de vino rosé, estaba a punto de volver al salón con ella cuando sonó el timbre.

 

 «¿Quién será ahora?», pensó, no muy emocionada por la intrusión.

 

 Abrió y, para su sorpresa, era su madre la que la empujaba con entusiasmo.

 

 —Kilye, ¿por qué me haces esto? —comenzó indignada Alice Andersen, antes de que Kilye, pudiera decir una palabra— ¿Cómo has podido mostrarte desnuda en la televisión de esa manera?

 

 Calmándose, Kilye levantó las manos.

—Mamá, ahora cálmate, te lo ruego.

 —¿Cómo voy a calmarme cuando Romina me llama por el hecho de que te vio casi desnuda en ese programa de modelaje? ¿En qué estabas pensando, niña?

 

 Kilye, la incitó hacia el sofá.

—Mamá, por favor, siéntate primero, prepararé un café y luego lo hablaremos tranquilamente, ¿sí?

 

 Desapareció en la cocina, y mientras la máquina de café estaba en marcha, pensó febrilmente en qué decir ahora. Normalmente su madre no veía este tipo de programas, y en realidad Kilye esperaba estar eliminada y de vuelta como muy tarde en el siguiente programa, antes de que se diera cuenta de nada.

 

 

Pero al parecer, Romina, la vieja chismosa de la casa de al lado, no había sido capaz, una vez más, de mantener la boca cerrada. Desde que Kilye se había mudado, la vecina no había perdido la oportunidad de espiarla y luego informar de cualquier cosa que hacía o no, a su madre.

Al parecer, había visto por casualidad el último programa y no tenía nada mejor que hacer después que decirlo a los cuatro vientos, inmediatamente.

 

Ahora su madre esperaba una explicación. No había forma de que Kilye le dijera la verdadera razón de su participación en el programa, no se le permitía hablar de sus jugadas. Así que no tuvo más remedio que convencer a su madre, de que estaba tratando de ganar el dinero del premio.

 

 —Mamá, mira… —comenzó con cautela tras llevar las tazas al salón—, siempre he planeado montar mi propio negocio algún día. Con el dinero que se puede ganar en el programa, podría cumplir ese deseo.

 —Pero no desnudándose completamente. —dijo Alice, indignada—. Que mi hija se presente sin ropa en la televisión es una total vergüenza.

 —No estaba desnuda… —objetó Kilye, pensando con incomodidad que ella se había sentido exactamente igual—, llevaba un bikini, un pequeño bikini.

 —Como si eso fuera a cambiar mucho las cosas. —Continuó diciendo exaltada su madre—. Y de todos modos, ¿Qué va a decir Ryan al respecto? ¿Crees que querrá volver a salir contigo si se entera?

 

 Kilye, puso los ojos en blanco.

—Mamá, realmente no me importa lo que Ryan piense al respecto. No planeo volver a salir con él, la verdad no me interesa.

—Pero Kilye, él es un hombre tan agradable y un buen partido, además.

—Puede ser, pero también es terriblemente aburrido, egocéntrico y no creo que me apetezca jugar a las casitas con él.

 —¿Cómo puedes decir tal cosa? — Alice sacudió la cabeza sin comprender—. Deberías alegrarte de que te corteje, ya es hora de que te cases y tengas hijos, estás a punto de quedarte solterona.

 —Mamá, por favor —suspiró Kilye, molesta—, ¿cuántas veces tengo que explicártelo? Sólo tengo veintiocho años y no tengo prisa por casarme, y mucho menos con un hombre que quiere convertirme en madre de familia rápidamente, aún tengo muchos sueños que cumplir. Así que basta ya, no quiero oír más sobre Ryan ni sobre este tema en general.

 —Bien, entonces no lo hagas. —dijo su madre de forma contundente—. Pero no vengas a quejarte dentro de unos años porque todas tus amigas están casadas y tú no. Y... ¿Qué pasa con este programa? No vas a seguir haciéndolo, ¿verdad?

 —Sí, mamá, lo haré aunque no te guste a ti y a la gente le parezca una aberración.

 —Mmm, pero... ¿Qué dice tu jefe al respecto? No puede estar de acuerdo con que una mujer policía, se muestre en público de esa manera.

 —Al contrario, incluso ha alentado mi decisión y me ha dado un permiso sin sueldo hasta que vuelva. —Se apresuró a decir Kilye.

 

Al notar la cara de descontento de su madre, se sentó a su lado y le pasó un brazo por los hombros.

—Mamá, por favor, no te preocupes tanto, no pasa absolutamente nada. Tal vez no llegue muy lejos y todo esto termine antes de lo que crees.

 

 Alice sacudió la cabeza y se levantó.

—Realmente no te entiendo. Pero eres lo suficientemente mayor para saber lo que haces, es tu vida la que estás arruinando. Me voy a ir ahora y espero que puedas entrar en razón antes de que sea demasiado tarde.

 

Sintiéndose culpable, Kilye la acompañó hasta la puerta.

 

Cuando se despidieron, Kilye suspiró y entró en el dormitorio, poniéndose delante del gran espejo de la pared.

 Examinó su reflejo críticamente, preguntándose por enésima vez qué había hecho que los miembros del jurado la eligieran a ella entre todas las personas. Claro, no era en absoluto fea. Su largo cabello rojizo caía en suaves ondas sobre los hombros hasta la mitad de la espalda, sus ojos azules claros eran brillantes y estaban bordeados de largas pestañas oscuras. Su nariz era tal vez demasiado estrecha, pero sus labios eran carnosos y sus contornos finamente curvados.

 

 Su figura también era bastante respetable, sus piernas eran largas y torneadas, su cintura estrecha, sus pechos llenos y firmes.

 

 Aunque estaba contenta consigo misma en general, no podía imaginar que llegaría a la final, y mucho menos que ganaría el concurso.

 

 Cerró los ojos y comenzó a soñar despierta, tratando de imaginar lo que haría con el dinero si realmente ganaba. Tal vez dejaría su trabajo y abriría su propia pequeña agencia de detectives o un consorcio de seguridad. Seguramente, primero se regalaría unas largas vacaciones a algún lugar donde disfrutara el doble de lo que podría hacerlo trabajando en la comisaría, pues hasta ahora no se había podido permitir algo así con su escaso sueldo.

 

En su mente aparecieron playas blancas, el mar bañaba la orilla en suaves olas y el sol irradiaba todo alrededor. Las palmeras se balanceaban suavemente con el viento, ella caminaba por una pasarela en bikini, los focos iluminaban implacablemente cada centímetro de su cuerpo. Abruptamente, volvió a abrir los ojos, sacudió la cabeza y se preguntó por enésima vez en qué problemas se había metido, ahora.

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