Cuando llegó abajo, Alexander Follor ya estaba en la piscina y cuando la vio, nadó en su dirección y miró hacia ella desde el borde de la piscina.
—Entra, el agua es riquísima —sonrió, y Kilye no lo pensó dos veces. Con una elegante zambullida, se deslizó en la piscina y luego nadó unas cuantas vueltas con elegancia mientras Alexander Follor, la observaba.
—¿Me vengaré ahora? —preguntó burlonamente cuando ella se detuvo a su lado después de un rato.
—De acuerdo, ¿otra vez doce vueltas?
Asintió con la cabeza. —¡Tres, dos, uno, ya! —contó y empezaron a moverse casi simultáneamente.
Kilye era una excelente nadadora, y aunque Alexander Follor no...