Cuando Kilye salió al pasillo, la emoción la golpeó como una ola caliente.
Melly y Shirley ya estaban de pie al final de la pasarela y Kilye se dirigió hacia ellas, sonriendo rutinariamente. Nadie parecía pensar que su atuendo era inusual. El público aplaudió con entusiasmo, Carmela y Lindsay sonrieron, sólo Alexander Follor la miró con extrañeza, pero Kilye estaba demasiado nerviosa para darse cuenta.
Discretamente, miró a derecha e izquierda, sin perder de vista a Arthur, pero aún no había rastro de él.
Se esforzó por seguir el monólogo de Carmela mientras rezaba en silencio para que Hart y los chicos llegaran a tiempo.
Carmela repasó la trayectoria de...