El corazón de Kilye comenzó a latir con fuerza. ¿Realmente lo había oído bien? ¿Lo decía en serio? ¿O estaba tratando de burlarse de ella para vengarse de su arresto y todo lo demás?
Ella le miró dudosa, esperando ver una sonrisa burlona. Pero su rostro era serio y había tanta ternura y anhelo en su mirada que le llegó al corazón. Todo lo que sentía por él la invadía como un maremoto y le hubiera gustado arrojarse a sus brazos. Pero aún quedaban las cosas que había hecho a sus espaldas y que no podía ocultarle.
Las lágrimas se agolparon en sus ojos.
—Alexander Follor, tengo algo que confesarte...