Sobre las 8:00 de la noche sonó el móvil de Kilye . Vio que era Alexander Follor y consideró brevemente si debía dejar que sonara. Pero luego la idea le pareció tonta y respondió a la llamada.
—¿Sí? —respondió ella con cautela.
—Hola, ¿cómo estás?
—Bien.
—Umm, dime algo ¿te apetece ir a nadar?
Dudó.
—No lo creo, ha sido un gran día, de hecho muy cansón y prefiero acostarme.
—Sube entonces —le rogó.
—Sabes que no puedo —rebatió—, si alguien me ve...
—Sólo ibas a pedirme prestado un libro —la interrumpió—, nadie te verá. No te preocupes y sube. —Como ella no respondió de inmediato, añadió curvando una sonrisa...