Kilye se encerró en su habitación durante el resto del día, esperando que Carmela entrara por la puerta en cualquier momento y la echara, pero no pasó nada.
Hacia el atardecer, Melly llegó corriendo.
—Dios mío Kilye , deberías haber visto el alboroto que se armó después de que te fuiste. —Se rió—. Todo el mundo estaba saltando salvajemente, sacando al pobre Ray de la piscina, trayéndole ropa seca y enfadándose terriblemente contigo. Carmela empezó a desvariar, le pidió cien veces disculpas y le dijo que te iba a poner en la calle hoy mismo.
—Me lo imaginaba —dijo Kilye con tristeza—. Será mejor que empiece a hacer la maleta....