—¿Astrid?
Derek le dice a su madre que ahora mismo estamos en su cabaña a las afueras de la ciudad, que seguimos acostados en la cama después de pasar una velada fantástica y que, si no le importaba, que íbamos a seguir durmiendo, que en la tarde pasaríamos a visitarlos. Su madre se escuchaba tan encantada por la idea y alegre de que las cosas entre nosotros están bien, que ha colgado el teléfono sin despedirse. Suelto una risa nerviosa y Derek resopla con fuerza, luego tira el teléfono a un lado, me toma entre sus brazos y seguimos durmiendo.
Pasan aproximadamente unos cinco minutos y su teléfono vuelve a...