Solo atino a asentir con la cabeza, abre la puerta y me mete al auto, luego cierra con un fuerte portazo, haciendo que el auto se sacuda de forma violenta, trago saliva con dificultad y me acomodo en mi asiento después de ponerme el cinturón, junto las piernas y abrazo con fuerza mi bolso. Es más que obvio que me he metido en grandes problemas.
El trayecto es en completo silencio, ni siquiera ha dejado que la señorita LaVein pusiera la radio, está que, echando humo por las orejas, está realmente molesto. Miro por la ventana y de momentos veo por el retrovisor, topándome con la mirada de Derek de...