A mitad de la noche, la pantalla de mi teléfono deslumbra mis ojos y emite un brillo casi cegador en mi habitación completamente oscura, confundida y enojada, reviso la notificación y veo que es de la página, que me avisa que tengo doscientos mensajes pendientes. Abro los ojos de par en par y me siento rápido en la cama, antes de que pueda revisarlos entra una llamada telefónica.
—¿Bueno?
—Señorita Williams, debido al exceso de peticiones, vamos a organizar una subasta por usted en dos meses, cuando tenga a su comprador, le enviaré un mensaje con el número de ID para que lo añada a su lista de contactos, también...