El director no se puede creer lo que mi padre le dice, luego camina hacia el hombre empapado de sudor, plantándose enfrente de él y mirándolo de forma severa, pero antes de que le diga que esta despedido, Astrid interviene, diciendo que él en realidad no es un mal director, que durante el tiempo que ella ha estado ahí, ha conservado muy bien la escuela y que tanto los clubes intelectuales como deportivos se han mantenido en primer lugar, que no le da preferencia a ninguno de los clubes y que exige de misma forma a ambos, ella habla muy bien de su trabajo. Maldito desgraciado... tiene mucha suerte.
—¿Segura...