Llegamos al lugar y nos llevan hasta la mesa que he reservado, estamos en el balcón acompañados de unas velas, el ambiente es tan romántico que pareciera que voy a proponele matrimonio, menos mal que no es el caso. Mientras esperamos la cena, le entrego el regalo que le he comprado, ella enseguida lo abre y suelta un chillido de sorpresa.
—¡Señor Baker, es precioso! — Exclama con júbilo y éxtasis mientras toma el collar entre sus manos y lo observa mejor.
Después de la cena la llevo a su casa, me invita a entrar y acepto no tan gustoso como cuando inicio la noche. Estando dentro, no perdemos el...