El viaje de regreso a casa se convirtió en un torbellino de emociones en silencio para Ashley y Angelo. La tensión en el auto era palpable, una densa niebla que los envolvía y les impedía ver con claridad.
Ashley se sentía aturdida, con las mejillas aún sonrojadas por el calor del beso. Su mente era un campo de batalla entre la razón y el deseo, la culpa y la esperanza. Luchaba por encontrar las palabras adecuadas para romper el silencio, pero ninguna parecía suficiente.
Al llegar a casa, Arnold los sacó de su ensimismamiento con su alegre voz infantil. Su madre lo tomó de la mano con una mezcla de...