Punto de vista de Alma
—Levántate —susurró una voz grave en mi oído. El dueño de la voz luego plantó un beso húmedo en mi cara y luego recorrió mi mejilla con su lengua.
—Cinco minutos más —murmuré, dándome la vuelta y enterrando mi rostro en la almohada.
—¡Alma, no vamos a hacer esto otra vez! —se quejó la molesta voz.
—¡Está bien! Hazlo a tu manera —dijo la persona en un tono derrotado.
Poco después, escuché pasos que se alejaban, por lo que supuse que finalmente me había dejado para que pudiera volver a dormir. Suspiré profundamente, hundiendo aún más mi cara en la almohada, inhalando el cautivador aroma...