Punto de vista de Mateo
—Te perdono.
No podía creer lo que oían mis oídos cuando ella pronunció las tres palabras que tanto había deseado escuchar durante tanto tiempo. Sabía que probablemente no lo merecía, pero definitivamente lo iba a aceptar.
La miré a los ojos, esos hermosos ojos marrones que brillaban con felicidad. Honestamente, no entendía por qué me había tardado tanto en darme cuenta de que ella era la única mujer que necesitaba.
Todo en ella era perfecto. No había nada que pudiera hacer o decir que cambiara lo que sentía por ella. Sus ojos perfectos, su rostro, su cabello, su cuerpo, todo en ella era simplemente perfecto....