La incomodidad se respiraba en el ambiente. Los murmullos y miradas curiosas, tampoco se hicieron esperar. Esa mañana era gloriosa, todo el mundo estaba ya hablando de aquel encabezado amarillista que la mostraba a ella besándose con nada mas y nada menos que el heredero Morgan. Sus labios rojos se curvaron en una sonrisa cínica y Hildegard estaba disfrutando en demasía ser el centro de atención de todas las miradas que se hallaban en aquel restaurante donde plácidamente tomaba el desayuno.
—Pobre de la señora Morgan…ser engañada de esa manera y con una mujer tan…vulgar… —
Aquella sonrisa se desvaneció durante un momento.
—Así es, la señora Morgan es una...