Abril admiraba la profesionalidad con la que a veces se comportaba Santino, si hacía unas pocas horas habían tenido sexo en esa misma oficina, sobre ese mismo escritorio y él como si nada, concentrado en su computador cómo si no hubiera pasado absolutamente nada.
El silencio estaba incomodándola y el hecho de que él solo cruzara palabras sobre el caso con ella era algo que en cierto modo le disgustaba.
- Uf. – refunfuña y Rivas deja de escribir para mirarla.
- ¿qué sucede? – indaga con curiosidad.
Ella le echa una mirada, pero no contesta. No importa que tenga veinticinco años, que sea una mujer adulta y que sea...