Condujo por una hora sin responderle una sola palabra. Por suerte, su auto no permitía que las personas de afuera pudieran ver lo que sucedía dentro, dado que de o contrarío se podría mal interpretar las cosas. Podrían creer que la había secuestrado y aunque algo de eso había, lo cierto es que quería que pague lo que había hecho y ambos estaban tan ofendidos que la tensión sexual entre los dos se cortaba con una tijera.
- Suéltame, maldito cretino. – le exige ella una vez que el auto se detiene.
- Cierra la maldita boca. – le ordena y ella nunca lo había visto tan enfurecido de esa...