Su cuerpo aún no se recuperaba de los tres orgasmos seguidos que le había hecho experimentar con esa silla vibradora y en verdad estaba atónita por haber abrazado el éxtasis sin que la toque, realmente estaba asombrada.
Sus pechos saltaban en el rostro de él, mientras podía apreciar el blanco en el de ella. El modo en el que estaba entrando y saliendo de su coño hacía que todo su interior se humedezca en su polla.
- Ahhh ahhh. – gemía mientras se aferraba a sus grandes brazos cómo podía. – ahhh… Santino… - jadeaba en su oído en tanto mordía su cuello.
Para él no había nada más excitante...