Capítulo veintidós
Erickson se lamió los labios sintiéndolos resecos al tener en su mano el cinturón, le acarició la piel suave y blanca que tenía ella, llevó la mano que tenía desocupada hacia el bulto que se alzaba dentro de su pantalón.
—¿Te han dejado alguna vez, este culo rojo? —le preguntó el y ella lo miró por encima de su hombro.
Ya que le había dado media vuelta y ahora estaba con su estómago y parte del torso sorbe el escritorio.
—No —respondió en un balbuceo y él sonrió.
—Púes seré el dichoso que lo hará —setenció —Serán diez los que te daré —exclamó besando cada glúteo, para luego...