Capítulo cinco
Norma se encontraba sentada sobre la tierra viendo a sus compañeros, los cuales dejaban los grandes ramos de flores sobre dónde descansaban sus padres, se llevó una de sus manos hacia el rostro limpiándose las lágrimas que corrían de forma silenciosa sobre sus mejillas. Sus hermanos estaban abrazándola por la cintura mientras miraban también lo que hacían los demás, estaban en silencio y sin decir palabras algunas.
Llevo sus manos hacia sus cabellos y se los acaricio; ya había dejado ir su desahogo y ahora le toca hacer de frente, suspiro bajando su mirada hacia las cabezas de ellos, quienes elevaron sus miradas cuando sintieron la de ella. Sus ojos oscuros estaban brillantes y se los tenía inflamado a causa de su llanto, hicieron un puchero con sus labios haciéndola sentir una presión en su pecho.
—Lo extraño —murmuraron ambos y Norma solo pudo brindarles una pequeña sonrisa con los labios cerrados.
—Yo también lo extraño mucho —exclamó ella —Pero debemos decirle adiós a nuestro padre —dijo.
Los mellizos negaron con su cabeza, volviendo su mirada hacia donde la tenían antes. Adriana se acercó a ella y se agachó a su altura, los ojos de ella estaban irritados, tenía el rimel corrido y los labios inflamados de tanto apretarlos o morderlos. Le brindo su mano para que la tomara y así lo hizo, poniéndose de pie con ayuda de dos compañeros más que cargaron a los pequeños y los abrazaban.
—Es hora de que vayamos a casa —musitó Adriana limpiando su rostro —Deben de descansar.
Ella asintió de cuerdo y trago saliva sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas nuevamente, no sabía quién le estaba ofreciendo un ramo de rosas blancas y se acercó hacia donde estaba antes de ponerse de pie, corto en dos aquel ramo y se mordió los labios.
—Te amo papá —susurró ella sonriendo —Ahora puedes cuidarnos desde ahí donde estas y sobre todo jamás sentirás dolor, angustia y la presión de saber si el día de mañana cometemos.
>>Seré un gran orgullo para ti papá —sollozó —Y sacaré adelante a mis hermanos, te lo juro papá.
Se llevó su mano a los labios y beso sus labios para después dejarla sobre la lápida dónde descansaba el nombre de él, se puso de pie y miro a su amiga quien asintió dando media vuelta hacia sus compañeros, la otra mitad del ramo las llevo hacia el lado izquierdo dónde se encontraba una hermosa lápida, dejo las rosas ahí sonriendo con melancolía y hizo lo mismo que anteriormente había hecho, solo que estaba vez beso a los angeles que se veían sobre la misma.
Aunque muchos de los presentes se confundieron al ver aquello, más de alguno con los que habían estudiado con ella sabía a qué se debía aquel acto. Norma suspiro y asintió para si misma y así darse la vuelta para salir de ahí.
—Gracias —habló su voz sonaba ronca a causa de su llanto y de sus gritos —Gracias por acompañarme en este momento tan difícil, por demostrar lo que es una amistad, jamás olvidare esto —expreso cerrando sus ojos y sacudiendo su cabeza.
—Es lo que hubiéramos querido que harían por nosotros —dijo uno de sus compañeros acercándose a ella —Tal vez no hablamos seguido, no nos conocemos lo suficiente. Pero eso no significa que no nos tengamos aprecio entre todos, somos los pilares de una delegación grande que si uno comienza a fallar, puede venirse abajo todo.
—Y no vamos a permitirlo —añadió otro —Estamos contigo Norma, y te admiramos mucho. Y sobre todo estamos orgullosos de ti.
Norma sollozó, bajando la cabeza mientras nuevas lágrimas salían de sus ojos, aquellas palabras eran las que necesitaban y ellos se las estaban brindando, se llevó una de sus manos hacia sus mejillas y se las limpio elevando así su mirada.
—Os quiero mucho —exclamó en un murmullo —Mucho, mucho —dijo.
Todos asintieron y le dieron un guiño, para luego abrazarla entre todos. Ese día no solo le ayudaron a sacar una parte de su tristeza, irá y dolor. Aunque eso no trajera nuevamente a su padre a la vida, se sentía bien, cuando llegaron a su casa los tres durmieron después de cambiarse de ropa en la misma cama, abrazados sintiendo que ahora la familia que eran se había reducido a solamente tres y que haría lo que sea para sacarla adelante, porque sus hermanos eran la prioridad en ese momento, así le vendiera la vida al diablo ella los vería felices, aún si eso significaba no serlo.
La semana que le habían dado a todos para Norma y a los demás se había finalizado con una rapidez impresionante; ahora ella se encontraba vestida y despertando a los niños para que pudieran bañarse y comer. Los ojos somnolientos de Mauro fueron los primeros en abrirse mientras ella le brindaba una sonrisa, el día después de que todos le acompañaran a despedir a su padre, le había tocado ir al seguro.
Se llevó una sorpresa al saber que por las noticias ya habían avanzado una gran parte sobre el proceso y solo la estaban esperando a que ella misma fuera a informar lo sucedido y así comenzar a realizar los tramites, entregándole por la tarde del mismo día el dinero completo del cual solo le quedaba un quince por ciento en de todo. Ya que con el dinero había pagado lo que debía tanto de luz, como los servicios de agua y de gas, añadiéndole que lleno la despensa de comida y ajustado para el transporte de lo que quedaba para finalizar el semestre, el cual solo era un mes.
Uno donde tendría que sacar papeles y buscar trabajo, eran tantas cosas que en las noches le daba un dolor de cabeza tan insoportable, añadiéndole que la pequeña Mónica estaba enfermando y cuando la llevo a pasar consulta le dijeron que tenia neumonía, cosa que no pudo prevenir porque era algo que se podía ver desde lejos, pero ella no puso atención en los síntomas sino que anduvo con ambos de un lado a otro; por lo que la tenía que estar neubalizando cada seis horas y si era posible cada tres horas, añadiéndole que los medicamento que estaba tomando y de eso ya había comprando toda la medicación completa de ella, además de que también compro para su hermano queriendo evitar que pasar lo mismo.
Mientras Mónica bebía antibióticos, Mauro tomaba vitaminas para así evitar una fuerte infección; tocó la frente en busca de un indicio de fiebre.
—No me dió fiebre —musitó la pequeña y ella sonrió dándole un beso en la frente.
—Me alegra saber eso amor —respondió ella.
Alisto las dos loncheras donde llevaba un poco de frutas y comida que había elaborado para ellos y así pudieran comer en las horas intercaladas de sus clases, además de que en su bolso acomodo ropa para ellos, porque podían ensuciarse una sonrisa ilumino su rostro pensando que antes no hacia eso, solo se encargaba de realizar la comida para ellos y llevarlos al centro donde los cuidaban e estudiaban medio día y después los pasaba recogiendo su padre para ir a casa.
—Quiero que se coman todo lo que hay en sus platos y después se van a lavar los dientes —exclamó ella mirándolos a los dos —Mónica acuerdate de que debes de tomarte el remedio —le recordó y la niña asintió.
—Si —respondió la niña obedeciendo a lo que ella había ordenado.
Se terminó de beber su café y fue a su cuarto para sacar la bata del closet y guardarla donde dentro de su bolso junto a la ropa de su hermanos, se llevó la mano a la nuca y se masajeo esa zona sintiendo el dolor punzante, que no se le quitaba con nada de lo que tomaba; revisó la libreta que descansaba sobre la mesita y emitió un suspiro, estaba sacando la cuenta sobre los gastos que venían para la próxima semana, ya tenía cubierto el principio de la actual.
Ha su mente llegó fragmentos de las pláticas de algunas muchachas en los pasillos de meses atrás y actual, aunque le daba miedo hacer algo así sentía que era la única opción para realizarlo. Pensó que estaba demasiado loca para recurrir a ello, pero viendo la situación ahora no le parecía tan descabellado, así podría tener a sus hermanos cómodos y terminar lo que quedaba de su carrera y de eso solo le faltaban dos años, dos donde si alguien se interesaba en ella podía en lo que sea, que estuvieran metidas aquellas podría mejorar la vida de sus hermanos al mismo tiempo, porque no pediría nada para ella, todo lo contrario lo que llegará a pedir sería para ellos y solo que le ayudará con la mensualidad de su carrera, si es que este llegaba cuando todavía no estuviera trabajando.
Decidió que escucharía durante esa semana si ellas volvían hablar sobre ello, apuntaría en su cuaderno cualquier comentario que le resultará interesante. Aunque el miedo o mejor dicho la sensatez le decía que no hiciera nada, que esperará y dejará que las cosas cursarán el camino adecuado; pero no podía, porque todo se acumularía sí dejaba que las cosas cursaran por si solas y después no encontraría como salir de ellas.
—Ya estamos listos Norma —exclamó Mónica y ella parpadeó saliendo de sus pensamientos.
—¿Ya bebiste tu medicamento? —preguntó acercándose a ella con su bolso cruzado por el hombro y con las mochilas de ellos entre sus brazos, cuando la vio negar, ella asintió —Vamos a la cocina para que te lo tomes, además debemos de llevarlo porque son cada tres uno de ellos.
—Ese remedio es feo —dijo con voz aguda la pequeña sacándole una carcajada.
—Bueno si lo sientes feo, no es mi problema —expreso ella riendo —Quien lo toma por su bien eres tú y no yo. Por lo tanto, no debes estarte quejando cuando hay niños se desean beber aunque sea un poco de ese remedio del cuando dices que es feo.
—Lo siento —murmuró cuando llegaron a la cocina.
—Bueno, no vuelvas a decir eso —exclamó sacando los dos jarabes que le daría —Toma bebe uno primero, después agua y luego bebes el otro —ordenó dejando sobre la mesa del comedor —¡Mauro ven aquí! —llamó al niño quien apareció al instante.
—Mande —dijo él.
—Ven a tomar tu jarabe de crecimiento —exclamó dándole el que le correspondía —Ahora debemos de irnos —informó guardando el jarabe de Mauro en la lacena y los de Mónica en la mochila de ella.
Ambos sintieron mientras la pequeña bostezaba y se colocaba bien la capucha de su sudadera, Norma llevo una de sus manos hacia la frente y cuello de ella, tratando de averiguar si tenía fiebre cosa que descarto porque estaba fría. Retuvo un suspiro mientras decidía tomarse un analgésico, le dolía la cabeza y solo con tomar analgésicos se le pasaba.
Salieron de ahí, los mellizos comenzaron a pelear por unos de los peluches que llevaban consigo haciendo rodar los ojos de Norma, que los agarró de las manos para poder subir al autobús que acaba de llegar al solo doblar la esquina de donde vivían ellos, tras pagar y darle una sonrisa al conductor camino con ellos hasta el fondo en dónde sentó en uno de los asientos vacíos para así poder bajar por la puerta trasera.
—Norma, si nosotros vamos contigo a la universidad —comenzó a decir Mauro pensativo cuando se encontró sentado —¿Quiere decir que seremos como tú, y después no iremos a clases? —exclamó abriendo sus ojos impresionando.
Norma se río negando con su cabeza mientras le revolvía el cabello rubio.
—No —respondió —Ustedes deben de ir a la escuela primero, para poder llegar hasta donde yo estoy —murmuró con ternura —¿Qué quieren ser de grandes ustedes? —les preguntó.
Mónica pensó, cerrando sus ojos y haciendo un puchero con sus labios.
—Yo quiero ser como las modelos —exclamó la pequeña —Viajar y usar ropa nueva todos los días.
Norma sacudió su cabeza al oír la respuesta de su hermana.
—¿Y tú Mauro? —dijo hacia el niño, que tenía el rostro sonrojado.
—Como mi papá —respondió bajando su mirada —Quiero ser así de grande y lleno de amor, como lo era él.
—Y serás aun mejor que él —expreso Norma con los ojos vidriosos —Por lo tanto vosotros aunque hayan perdido el año escolar, el próximo estudiarán mucho, mucho para poder ser lo que deseen. Yo los apoyaré en todo lo que quieran.
Ambos asintieron y le regalaron una de las sonrisas que más las gustaba a ella, cuando visualizó la parada en la que debían bajarse los apresuró a bajar del asiento y ir a la puerta trasera, bajando cuando estás se abrieron. Estando ya en la acera ella les acomodó las sudaderas que llevaban puestas, mientras que a Mónica le colocaba una mascarilla, aunque el doctor no le había dicho nada de ello, decidió tomar un poco de preocupación para evitar algo peor, caminaron a pasos presurados hacía la entrada de la universidad y entraron, yendo hacía el auditorio donde tenía clases, pero se detuvo casi de golpe cuando escuchó como hablaban sobre lo que necesitaba saber ella.
No sabía si era el destino o que, pero aquello le venía como anillo al dedo.
—El hombre con quién di es famoso y ahora es mi Daddy —exclamó una de las muchachas haciendo jadear a las demás —Me llevó hacia la discoteca donde se presentaron ayer estos cantantes famosos, tengo muchos videos de dónde salían cantando.
—¿En serio? —preguntó una de ellas tras jadear —Chica que envidia —exclamó.
Norma asintió y luego sacudió su cabeza retomando el camino, pensando que tal vez si no estuviera como lo estaba, no dudaría que ella aprovecharía para ir a todos los conciertos que se hagan cerca o en la misma ciudad, aunque podía inmigrar a otro país, siempre debía de llevar a sus hermanos. Probaría con enviar papales a empresas internacionales que tuvieran claramente buenas referencias, porque si tenía y la aceptaban ella no dudaría que se iría ella con los niños.
De solo pensarlo hasta escalofríos le dió porque jamás había salido del país y de cierto modo temía con que algo le pasará a ambos, cuando llegó al auditorio en la cual no estaba todavía el docente camino hacia el fondo donde acomodó primero a sus hermanos sobre dos sillas juntas a la mesa de ella y les acomodó las mochilas sobre la misma, para luego hacer lo mismo ella y sacar su cuaderno de apuntes, ese día tocaba examen escrito y a pesar que se sabía todo lo necesario, los nervios la atacaban llenandola de ansiedad, hasta el punto que la hacía olvidar todo.
No supo cuantos minutos pasaron, pero la nueva docente entró cerrando la puerta tras de ella y encendiendo las luces, al estar en la parte trasera donde las luces brillaban con más intensidad los ilumino a los tres, haciendo que una pequeña sonrisa se formará en sus labios.
—Veo que tenemos a dos pequeños integrantes en esta carrera —fue la bienvenida que dio la mujer sonriendo —Soy su nueva docente, les impartiré todo sobre lo que yo sé hasta el momento, si están en este semestre ya deben de manejar varios temas, por lo que el día de hoy comenzáremos con las prácticas, según los papeles ustedes deben de ya estar en las clínicas o centros comunitarios dando vuestro servicios y siendo evaluados.
>>No sé que docente tenían antes y por lo que puedo deducir es que no deseaban que ustedes progresaran, por eso mismo he traído conmigo los instrumentos necesarios para que hagamos una pequeña práctica entre vosotros mismos que serán los pacientes, se hará en pareja y también deberán de comenzar a canalizar a un paciente en distintos estados —explicó la mujer moviéndose de un lado otro mientras explicaba.
>>Desde el estado inconsciente hasta el más alterado, ¿Cual sería este? —cuestionó mirándolos a todos por encima de su hombro mientras sacaba unas cosas del archivador que había en una de las esquinas —Tenemos varios, desde un estado de shock donde se mueve consecutivamente pensando que se encuentra por ejemplo dentro de un auto que se volcó varias veces.
>>Están las embarazadas, que cuando están con contracciones seguidas se llevan sus manos a la parte baja del vientre. No nos pondremos a enumerar las distintas formas de estar alterado, aunque también están los casos del infantil, el cual es mucho más difícil sus venas tienden a dañarse si uno no es rápido a la hora de colocar la canalización —expreso, Norma sonrió mirando a sus hermanos quienes le temían a las agujas —Así que dependen como los mire yo trabajar hoy, les pondré la nota. Comencemos, busquen sus pareja.
Norma dejó su lapicero sobre la mesa y utilizó su mano para apoyar su rostro en el mismo, mirando a sus hermanos que la miraban negando con su cabeza, pero ella asintió sonriendo.
—No —murmuraron ambos —No Norma —aclararon en un murmullo haciendo que ambos se abrazaran.
Y ella hizo un puchero con sus labios mientras los miraba a través de sus pestañas parpadeando consecutivamente.
—Pero sí no les haré nada —dijo ella sonriendo de forma ladeada —Solo un pequeño hincón como si te estuviera picando los mosquitos —añadió.
—No, eso duele —afirmó Mónica.
—No les dolerá —prometió ella mordiéndose los labios, para luego dejar ir una corta y pequeña carcajada —Mentira mis niños, utilizaré a Adriana como mi muñeca de trapo —dijo con una sonrisa para luego mirar a la mencionada que asentía.
—Y después lo será ella —les informó está a los pequeños —Ahí nos desquitaremos por lo que dijo.
La risitas que emitieron ambos niños hizo que Norma rodará sus ojos, llenando nuevamente su cuaderno de apuntes. Aunque dudaba al principio la hicieran llorar o emitir un grito. Ya que ella no era de las que lloraban con facilidad aún más teniendo en cuenta que no le temía a las agujas, se equivocaba por qué Adriana la hizo sangrar bastante y haciendo que una de las compañeras de clases se desmayara, añadiéndole de que los gritos de sus hermanos por verla sangrar eran inmensos, haciendo reír a los demás junto a la nueva docente.
Aunque la clase paso entretenida y las demás asignaturas fueron de los más aprovechadoras, ya que cuando salieron de la universidad ellos iban hablando hasta por los codos de lo que habían mirado y de que no querían volver a presenciar algo parecido a lo de temprano, aunque después se negaban diciendo que regresarían para aprender de lo que ella estudiaba.
Esa misma noche enviaría sus documentos y argumentos a empresas del exterior, solo deseaba que alguna de ella se llegará a poner en contacto con ella, subieron al autobús que los llevaría regreso a su casa, mientras pensaba en todo lo sucedido el día. Aunque parecía muy raro había escuchando la palabra “Daddy” aunque le sonaba la palabra solo que adjuntada con “Sugar”.
Era una locura, llevo una de sus manos hacia la frente y suspiro viendo cómo sus hermanos miraban por la ventana hacia el exterior, había comenzando a caer un poco de nieve y aquello era raro en aquel momento, se encogió de hombros y llevo una de sus manos hacia la frente de su hermana tratando de averiguar si tenía fiebre, al sentir que no tenía respiro profundo.
—¿Que comeremos en casa? —preguntó Mauro y Norma hizo una mueca.
—Vamos a pasar comprando unas verduras para hacer un poco de pollo con verduras —respondió —¿Les parece bien? —cuestionó hacia ellos.
Mónica apoyo su cabeza contra el vientre de ella y asintió mientras un bostezo le salía de sus labios, segundos después elevó la mirada para enfocarla en la de Norma quien alzó una de sus cejas.
—Tengo sueño —musitó dejando ir un nuevo bostezo y con los ojos humedecidos a causa del sueño que tenía.
—Ya nos bajaremos —expreso ella sonriendo y dándole un beso en la mano de Mónica que la había alzado y puesto en su pecho —Por lo tanto espera un momento.
Mónica asintió y dirigió su mirada hacia su hermano que bostezaba, ambos estaban cansados y no entendía el porque; si ambos estuvieron tranquilos.
—Los amo mis niños —dijo y sus hermanos sonrieron.
—Nosotros también —exclamaron ambos lanzando un beso haciéndola sonreír.
Solo pedía que esa sonrisa no se apagar y que sobre todo ella no dejará de verla durante muchos años; cerro unos instantes sus ojos y se juro que sea cual sea lo que el destino le estuviera preparando en ese momento no la alejará de sus hermanos.