En el segundo cumpleaños de Dolores, llovió intensamente.
Sebastián compró una hermosa rosa blanca y algunos de los alimentos favoritos de Dolores.
Pero llegó tarde. Alguien estaba allí antes.
La lluvia caía sin cesar ese día. La persona en los escalones permaneció allí mucho tiempo, empapada, mirando fijamente la lápida.
Sebastián no quería acercarse.
Detestaba a Alarico.
Pero los pies de esa persona parecían estar clavados en la tumba. Durante cuatro o cinco horas.
Las flores en su mano se marchitaron.
El guardia del cementerio inició una conversación. Señalando la figura negra en la lluvia, susurró:
“Ese hombre viene a menudo, se queda mucho tiempo en cada visita, nadie sabe...