Sebastián no podía soportar pensar en ello.
No recordaba cómo temblaba mientras se quitaba la ropa para envolver a Dolores, ni cómo logró cargarla y reportarse a la policía.
No podía recordar qué le había contado Dolores a la policía, sentada sin expresión en la silla.
No podía soportar pensar en lo que Dolores había pasado antes de su llegada.
Llevó a Dolores a casa. Dolores se recostó contra la ventana del coche, envuelta en la ropa de Sebastián.
La luz intermitente del exterior proyectaba sombras en su rostro, pero ella se quedó inmóvil como una muñeca.
Sebastián la observaba, conteniendo las lágrimas, con los ojos ardientes.
No sabía qué...