Stefano y Pierina estaban sentados frente a una mesa donde esperaban por Adell.
Pierina se escuchaba los latidos de su corazón, no quería estar ahí, no era un tema a tratar en su presencia, aunque estaba involucrada por el secuestro de su hija, sentía que no era ese su lugar y momento.
Si estaba ahí era por Stefano.
Se acercó a ellos el doctor, explicando el estado mental de Adell, los episodios de locura que presentaba.
— Señores Pierre. Saluda con un asentimiento de cabeza.
— ¡Doctor! Respondieron al unisono Stefano y Pierina.
El médico se acercó a ellos i dictando con los expedientes clínicos de Adelle.
— Doctor, di...