La contracción disminuyó cuando Ray subió y se sentó en un banco de metal a su lado. Un paramédico subió y comenzó a tomarle las constantes vitales mientras otro cerraba las puertas. Un momento después, la puerta delantera se abrió y el conductor se puso al volante.
Mientras la ambulancia se dirigía a toda velocidad hacia el hospital, Janeth se frotó el vientre, tratando de aliviar los tensos músculos.
—¿Ha sido esa su primera contracción? —preguntó el paramédico después de tomarle la tensión.
—Sí —respondió Janeth.
—Bueno, entonces vamos a cronometrarla para ver cuánto falta para la siguiente. ¿Te he oído decir que has roto aguas?
—Sí.
El paramédico cogió...