Andrea se había arrepentido de dejarla sola, de no correr inmediatamente detrás de ella, de no cuidarla desde un principio. Andrea Laureti cuando vio a Amber inconsciente, atada de pie y mano, con un embarazo de más de cuatro meses, sintió que el mundo se detenía a su alrededor, porque si algo le pasaba a esa mujer y a la niña en su vientre, el heredero mayor de los Laureti moriría de dolor.
—¡Alek, por favor no le hagas daño! —exclamó con el corazón acelerado.
Alek miró a Andrea con una sonrisa. Estaba asustado, sabía que lo había agarrado por su parte más débil, y aunque había dañado el plan...