La cabeza de Andrea dolía; sentía que la loca de su secretaria había roto algún hueso en ella.
—¡¿Qué te pasa?! Casi me matas con ese palo —exclamó él acariciando su frente que dolía a mares.
Amber no sabía qué hacer en ese momento, unas inmensas ganas de reír la embargaron, porque su querido jefe se veía realmente asustado ante la paliza que ella le había dado.
—¿Te quieres reír? Ah, dime, ¿te estás riendo Amber Rodríguez? —la señaló con el dedo, tembloroso. Parecía que había quedado un poco asustado.
—Disculpe, jefe, de verdad discúlpeme —reía conteniendo la risa que le causaba ver a su jefe tambalear—. Pensé que era…...