Aquella noche aun continuaba, y Artem Kingsley miraba extasiado a su hermosa Génesis debajo de él. ¿En qué momento se había vuelto un prisionero incauto de ella? ¿En qué momento la Luna era quien consumía al sol? Aquellos placeres, aquellos éxtasis que tantas veces añoró, finalmente los experimentaba junto a ella, la única para él. La amaba, la deseaba tanto, que no podría vivir un momento más sin ella. Génesis era su fuego, y el, aquel incautó que voluntariamente se quemaba en él.
— Por favor, ya no más… necesito…te necesito… — musitó Génesis suplicando por Artem.
Sonriendo en ese estado de éxtasis, Artem miró directamente a los hermosos y...