Aquella noche era igual que las demás, y el viento helado de Rumania, era mucho más frío de lo que era el de Italia. Giles observaba a Ayla acunando a aquel engendro que les seria de utilidad para hacer creer a Génesis una mentira, y se sintió asqueado de aquella imagen. Ese era su tercer día en Sibiu, y estaba seguro de que se habían equivocado de pueblo, pues no había rastro de Génesis o el maldito Kingsley por ningún lado.
—Saldré a buscar un maldito trago, encuentren una pista del paradero de mi hermana para salir de inmediato. — ordenó el lobo blanco con desdén.
—¿Será prudente que salgas...