—Compréndelo, Génesis, no puedes oponerte a mí. — aseguró Artem pegándose intencionadamente al cuerpo desnudo de la hermosa loba blanca.
—¿Qué no tienes otro baño? Esta casa es enorme y la conozco a la perfección. Estoy segura de que hay más de un solo maldito baño aquí, ¿Por qué razón es que quieres bañarte conmigo? ¡Eres un pervertido! — gritó histérica la hermosa albina, y se apresuró a salir con rapidez de ese lugar. No quería estar cerca de Artem ni mucho menos si ninguno de los dos traía la ropa puesta.
Empujándolo lejos, Génesis lamento haberse quitado el collar para bañarse, había sido demasiado ingenua y estúpida.
Artem resopló...