Una lluvia ligera caía sobre Italia, y Génesis Levana observaba sus manos ennegrecidas completamente. Estaba recostada, mirando las gotas de lluvia caer y golpearse contra los altos ventanales de su alcoba, pues sus débiles fuerzas ya no le permitían mantenerse en pie. Sentía frio, un frio tan atroz como nunca antes había sentido, diferente de todos los que alguna vez en su vida había experimentado…aquel que sentía, era un frio que le mantenía helado el cuerpo y desconsolada el alma.
¿Iba a morir por aquella maldición?, ¿Iba a morir junto a su hijo no nacido sin jamás lograr sostenerlo entre sus brazos, y sin volver a besar los labios de...