El cielo negruzco anunciaba una tormenta, y los vientos cada vez más fuertes, azotaban violentamente los cristales en la ventana de la mansión Montefeltro. Las madres lobo intentaban calmar a sus hijos, y los hombres yacían apostados en sus puntos, vigilando minuciosamente que ningún maldito cazador de la familia Salvatore, invadiera aquellos territorios. Nadie podía negar que aquella situación no era deseable, y repartiéndose el pan y la sopa caliente, todos guardaban silencio ante el miedo que les producía el finalmente perecer. El ambiente era triste, como si un aire de desesperanza los hubiera invadido, y el deseo de recuperar lo perdido se volvía cada día más y más fuerte....