—Ayúdame a llevarla a mis aposentos que son más modernos, temo que la loba está sufriendo un aborto espontáneo. — dijo la vampiresa Isobel Bennet, mirando a Artem Kingsley.
Aterrado por aquellas palabras, el lobo negro de inmediato siguió a la vampiresa, con la inconsciente Génesis aún en sus brazos. Aquello no podía estar pasando. Génesis jamás despidió aroma alguno del embarazo. ¿Cómo era posible?
— ¿Estás segura de eso? — cuestionó Artem sintiéndose culpable.
— Tiene todos los signos de alerta, tengo que revisarla. — respondió Isobel abriendo las puertas de sus aposentos, en dónde Artem entró con Génesis en sus brazos.
Observando aquel iluminado con lámparas eléctricas, Artem...