La larga noche había llegado.
Giles, observaba a la luna llena, que resplandecía como la plata. Aquella fuerza natural de los Levana, los únicos y verdaderos hijos de la luna, la sentía recorrer cada una de sus venas. Afilando su garra, el lobo blanco cortó un poco su palma, para ver como la sangre blanca se derramó, antes de que la herida se cerrara por completo.
Una gran sonrisa, se dibujó en su rostro.
—El momento ha llegado, Celtigar, finalmente, soy libre. — dijo el lobo blanco tomando aquel collar en su cuello, que le impedía salir de aquellos territorios malditos debido a un cruel hechizo realizado por las brujas...