Al llegar a la habitación del hospital, pedí a una enfermera un kit de limpieza y me arrodillé para limpiar meticulosamente el suelo, asegurándome de que no quedara ni un rincón sucio. Pepe era demasiado pequeño, no podía permitirme que entrara en contacto con bacterias.
Me refugié en el trabajo, usando el agotamiento físico como un escape. Limpié el suelo, las ventanas, las mesas; no me detuve hasta haber fregado todos los pisos de la planta. No sabía qué más hacer. Después de una noche entera de esfuerzo, finalmente sentí algo de cansancio y me desplomé junto a la cama de Pepe, con la cabeza baja, respirando con dificultad.
En...