—Por supuesto que es posible. Los medios de comunicación están obligados a proteger tanto la imagen como la identidad de los menores —le aseguró.
—Es un alivio saberlo —murmuró Nora.
Él asintió, y aunque sintió intriga por preguntar prefirió no hacerlo.
—Bueno, nos vemos luego —dijo Jong al abrirse las puertas del elevador.
Salió del ascensor y entró en la sala de reuniones, mientras Nora se dirigía hacia la oficina del director. Al abrir la puerta, encontró la habitación vacía. Sin embargo, Jeremiah, que estaba escondido detrás de la puerta, la asustó al colocar sus manos en sus caderas, presionando su pecho contra su espalda. Sorprendida, dio un salto de...